Volvimos de nuestro viaje el pasado miércoles, pero aún estamos haciéndonos al cambio horario y retomando la rutina del trabajo.
Ha sido un viaje estupendo, aunque quizás se me ha hecho corto y menos inspirador que el del año pasado a India. Después de India todo se queda un poco pobre.
Como comenté antes de iniciar el viaje, partimos desde Lisboa, pues el billete de avión salía mucho más barato. En Brasil pasamos los primeros 14 días, y visitamos Brasilia, Lençois, Salvador, Porto Seguro, Rio de Janeiro y Sao Paulo. Puede parecer poco, pero allí las distancias son terribles, no hay red de ferrocarriles y los vuelos estaban fuera de nuestro presupuesto, así que tuvimos que realizar varios desplazamientos en bus de más de 17 horas. Quizás planteamos mal el viaje, pues visitamos muchas ciudades, y salvo Rio, el resto son bastante normales y modernas. Con algo de encanto (excepto Brasilia, que no tiene ningún atractivo), pero realmente la belleza de Brasil está en la naturaleza, y retrospectivamente deberíamos haber abarcado menos y haber organizado más excursiones a los parques nacionales en vez de a tanta ciudad. Pese a todo vimos cataratas impresionantes, cuevas con estalactitas imposibles, playas paradisíacas y otras maravillas. Y en ciudades, la mejor Rio, una metrópoli realmente mágica gracias a su entorno entre montañas y limpias playas, y que puede observarse como pocas ciudades desde lo alto del Pao de Açucar. El Corcovado probablemente también impresione mucho, pero cuando subimos nosotros hacía malo, la ciudad estaba cubierta de nubes -no se veía nada-, y el santo me pareció pequeño para lo que me imaginaba.
Por desgracia perdimos casi todas las fotos de Brasil, incluidas las más de 700 que tiré en el Pao de Açucar de Río. En Asunción, Paraguay, el último día olvidamos en la habitación el disco duro con lector de tarjetas que utilizo para descargar las fotos (un maravilloso Epson P-3000). Dejamos la habitación por la mañana deprisa, pues teníamos una visita, y dejamos las maletas en recepción, pues el autobús a nuestro siguiente destino salía por la noche. A la vuelta nos acordamos, pero el cacharro ya no estaba y nadie sabía nada. Perdimos el viaje y nos quedamos una noche para tratar de localizarlo, pero sin ningún éxito, pese a ofrecer recompensa, recorrer tiendas de empeño, hablar por nuestra cuenta con la chica de la limpieza ofreciendo pasta y no contar nada a sus jefes, etc… En fin, una verdadera lástima, no por el disco y lo que costaba (que también es bastante) sino por las fotos perdidas que son del todo irreemplazables. :(
La gente del Paraguay es tranquila, relajada y simpática. Habla un español con graciosísimo acento americano, pero ese percance nos dejó un mal sabor de boca de Paraguay, que además tiene muy poco que ofrecer. En 4 horas ya visitas lo más importante y destacable de su capital, y el país sólo ofrece como destinos interesantes las marismas y su diversidad biológica, pero no hay nada organizado para excursiones ni nada parecido.
De allí con el corazón triste y sin fotos fuimos a Iguazú, un lugar tan maravilloso que logró hacernos olvidar la pérdida. Te sientes pequeño entre esas inmensas y poderosas corrientes de agua, que han labrado la roca de una forma tan bella. Realmente es un lugar que merece visitar en la vida. Desde el lado brasileño se ven mejores perspectivas de las cascadas, y desde el brasileño se ven más de cerca, se sienten más, llegando a asomarte al cañón del diablo donde ves caer millones de litros al vacío acompañados de un gran estruendo y no te cansas de mirar como las gotas caen sin cesar.
Entre el retraso en Paraguay y los dos días que pasamos viendo Iguazú nos quedó muy poco para ver Argentina. El cansancio acumulado también nos hizo más perezosos, y al final sólo visitamos la capital -durante bastantes días- y una breve escapada a Calafate, para ver el Perito Moreno. El glaciar es otra de las maravillas que merece la pena visitar por sí mismas. Tiene un entorno muy especial y el fenómeno de la ruptura lo hace único. El tiempo no nos acompaño demasiado, el día que íbamos a ver un bosque petrificado, lleno de fósiles de grandes árboles el fortísimo viento nos lo impidió. El descenso era demasiado arriesgado (costaba andar sin caerte y se volaron las gafas a una amiga) y nos tuvimos que conformar con ver trozos más pequeños y rotos en una zona más protegida.
Bueno, eso fue en grandes trazos nuestro viaje. Intentaré pronto poner alguna foto pronto. Menos mal que de Iguazú y el Perito no se perdieron. :)