Nuestra privacidad por el retrete
Europa hasta ahora mantenía una postura mucho más respetuosa con el respeto de las libertades civiles que el resto del Mundo. Parece que eso va a quedar pronto atrás en aras de una mal entendida “seguridad".
Recientemente se publicó un artículo en diversos medios sobre el desarrollo del “carnivore” europeo, un sistema para interceptar y monitorizar redes de comunicaciones llamado OSEMINTI (Infraestructura de Inteligencia Semántica Operacional). Creo sinceramente en la nula efectividad que tendrá el sistema. Por mucho que se empeñe Dan Brawn en su bodrio-libro “Fortaleza Digital” defendiendo que el gobierno (de EEUU, por supuesto) puede descifrar cualquier código en segundos, eso es rotundamente falso. Está en la mano de cualquier terrorista utilizar la encriptación para intercambiar mensajes que requerirían años para desencriptar, y simples códigos de lenguaje como “el canario está en la jaula” pueden resultar completamente incomprensibles a un carnivore.
El principal perjudicado en todo esto es ciudadanía en general, que ve invadido su derecho a la privacidad de las comunicaciones. Pese a que ese derecho se recoge en nuestra constitución y se protege desde las leyes, hasta España está contribuyendo con nada menos que 1,8 millones de euros.
Pero no es una maniobra aislada. También recientemente se aprobó una directiva para la retención de datos que obliga a los operadores a mantener históricos de llamadas (número de teléfono, duración), localizaciones de móviles, conexiones a internet, etc. Y otros países proponen que se convierta en ilegal el uso de información falsa en Internet, por ejemplo para crear cuentas de correo o registrarse en un foro con un pseudónimo, impidiendo así la anonimicidad tradicional de Internet. Dentro de nada nos pedirán en DNI para llamar y conectarnos a Internet, mientras monitorizan y guardan registro de nuestras operaciones.


















































