Parece que poco ha durado la encriptación del protocolo usado por el proyecto Galileo (el GPS europeo), que pretendía limitar el acceso a los datos de los satélites de posicionamiento sólo a aquellos que abonaran la consiguiente tarifa.
Galileo, a diferencia del GPS, no es un proyecto financiado con fondos públicos, sino de un consorcio de empresas que espera recuperar la inversión, por lo que cobra licencias para cada cacharro que quiera utilizar el sistema. A diferencia del GPS, militar, su precisión no está limitada artificialmente y se garantiza incluso en tiempos de guerra, por lo que podrá ser utilizado en entornos críticos: Aterrizaje de aviones, entrada de buques en puertos, etc…
La gracia es que acaban de anunciar que la encriptación del protocolo ha sido rota, y con la información que proporcionan cualquier cacharro puede usar la señal de los satélites sin cánon ni leches.
Los investigadores reconocen que algunos pueden acusarles de cometer una ilegalidad, como cuando se rompe una protección del copyright de una canción, pero ellos defienden que no es comparable, que no pueden estar protegidos por copyright las emisiones de los satélites. Hacen una comparación con tratar de cobrar cánon por “mirar las luces emitidas por los faros y usarlas para posicionarse". Igual de absurdo, dicen, es cobrar cánon o considerar ilegal el “mirar de igual forma los satélites".
“Imagine someone builds a lighthouse,” argued Psiaki. “And I’ve gone by and see how often the light flashes and measured where the coordinates are. Can the owner charge me a licensing fee for looking at the light? … No. How is looking at the Galileo satellite any different?”