Lamentable
En política estamos hartos de ver crispación y ya, acostumbrados, lo vemos como algo común, parte del devenir de la vida. Pero la sesión del congreso protagonizada por el PP ayer no merece sino el calificativo de lamentable, consiguiendo incluso la primera expulsión del congreso de nuestra democracia.
Para los seguidores de la COPE, donde se comenta la expulsión como algo poco menos que ilegal, un pequeño pero ilustrativo fragmento del reglamento del congreso:
REGLAMENTO DEL CONGRESO
TITULO IV: De las Disposiciones generales de funcionamiento
CAPITULO OCTAVO: De la disciplina parlamentaria
SECCION 2ª: De las llamadas a la cuestión y al orden
Artículo 104
1. Al Diputado y orador que hubiere sido llamado al orden tres veces en una misma sesión, advertido la segunda vez de las consecuencias de una tercera llamada, le será retirada, en su caso, la palabra y el Presidente, sin debate, le podrá imponer la sanción de no asistir al resto de la sesión.
El incidente comenzó cuando finalizaba el debate del punto anterior. Eran poco menos de las tres de la tarde y el titular de Defensa hizo entrada en el hemiciclo. Desde los escaños del PP, todavía semivacíos, empezaron los abucheos.
Martínez Pujalte se dirigió aAlonso y le espetó: “¡Ministro, dimisión!”. En ese momento, Marín le advirtió: “Por favor, le ruego mantenga silencio. Le llamo al orden por primera vez y lamento hacerlo, pero respete al orador”.
Acabó el debate sobre la reforma judicial y se reanudaron las voces. “¡Importa mucho la policía!”, gritó Pujalte, según el acta taquigráfica, mientras él y la portavoz
adjunta del PP, María Salom, hacían el gesto de cruzar las muñecas como si estuvieran esposados.
Martínez Pujalte vuelve a la carga y se dirige a Alonso: “Señor ministro, que nos detienen”. Nueva amonestación de Marín: “Señor Pujalte, le llamo al orden por
segunda vez”. Replica Pujalte: “Pero no me detiene”. El presidente insiste: “Le advierto que si tuviera que llamarle al orden por tercera vez le invitaré a abandonar el hemiciclo”. “¡La policía!”, se escucha gritar a Pujalte. En ese instante,
Marín anuncia: “Señor Martínez Pujalte, le llamo al orden por tercera vez. Abandone el hemiciclo”.
El diputado popular hace gestos con la cabeza de desobedecer la orden e insiste: “Que me detengan”. El jaleo en el hemiciclo es ya formidable. Algunos diputados del
PP gritan “Que lo detengan”.La baraúnda va en aumento y el portavoz del PP, Eduardo Zaplana, pide la palabra. A partir de ahí se entabla una pugna entre Zaplana y Marín. Aquel porfía por hablar y éste le contesta que lo hará sólo cuando se vaya Pujalte.
Pasan unos cuatro minutos sin que el miembro del PP obedezca la orden. El presidente lee el artículo del Reglamento de la Cámara que le faculta para expulsar a un diputado y, aún más, para impedirle asistir a la próxima sesión. Tarjeta
roja parlamentaria, que hasta ahora nunca se había sacado en democracia.
El diputado expulsado baja la escalinata en medio de los aplausos y palmadas en el hombro de sus compañeros. Antes de salir, hace una reverencia tan pronunciada
como burlesca; primero hacia Alonso y, luego, en dirección a Marín.
Mientras se inclina dice unas palabras que no se escuchan desde la tribuna de prensa y que Marín no quiso luego revelar.
Tras la salida de Pujalte, Zaplana toma por fin la palabra para advertir a Marín de que su grupo no está de acuerdo con la expulsión del diputado y que presentará
una propuesta de reprobación del presidente del Congreso. Por la tarde, el escrito ya estaba en el registro de la Cámara.
Por fin, el ministro Alonso sube a la tribuna. La bronca arrecia más que nunca. Gritos de ¡dimisión! ¡fuera! ¡libertad! o ¡fascista! Entre los que más gritan, el diputado Roberto Soravilla. “Unos mandan detenernos y otros nos echan de aquí”, clama Francisco González.
Alonso sólo hace una referencia a la situación que se está viviendo: “Ésta es la España que quiere el Partido Popular, la del enfrentamiento descarnado y cainita, la de la manipulación del Parlamento. Se sirven para ello de mentiras y
manipulaciones, es su estilo, nada nuevo al respecto”.
Los patataleos se redoblan. Los insultos y gritos ahogan la voz de Alonso. Pero Marín permanece aparentemente impertérrito, no realiza ni una sola llamada al orden.
Fuentes de la Presidencia de la Cámara indicaron más tarde que el Gobierno no deseaba la suspensión del pleno porque el despliegue logístico para el traslado de las tropas a Afganistán estaba ya preparado y la imagen de España se habría resentido.
Zaplana sube a la tribuna y responde a Alonso: “La España que queremos nosotros es la España en la que no se pueda detener ilegalmente a las personas por el hecho
de ser militantes de un partido político”.
Después de que intervengan todos los portavoces, el ministro tiene derecho a una réplica. Pero Alonso renuncia a intervenir. No quiere reabrir el debate.
Aún así se produce una trifulca final. La diputada del PP Ana Belén Vázquez asegura que un diputado socialista ha realizado “un gesto obsceno, ofensivo y machista”. El afectado lo niega y alega que ha sido insultado.
Zaplana pide que se permita votar a Pujalte, “pues la sociedad española no entendería que el ministro responsable de las detenciones ilegales estuviera aquí y no pudiera hacerlo este diputado”. Es el sambenito. Para el PP, Alonso ya no es el ministro de Defensa, sino el “responsable de las detenciones ilegales”. Como dijo Zaplana, la relación de su grupo con ese ministro “se hace insostenible”.
Tampoco se quedó corta la representación teatral realizada por el mismo partido en la Asamblea de Madrid, mostrando esposas de plástico y coreando “¡Alonso, dimisión!.
No se si es necesario recordar que el que tiene sólidos argumentos no necesita caer en el insulto, la ofensa y las alusiones personales. Caer en la burla fácil, el espectáculo, el abucheo, la mofa, la ironía más basta sólo delata que se quedan cortos de palabras. Lamentable. El congreso ayer parecía un circo, y el congresistas del PP los payasos.