Botellones

Críticas/Social — 21/03/2006 @ 19:29

El viernes salimos de marcha, tras vencer la indescriptible fuerza que te ata al sillón, que desde que tenemos casita propia se ha incrementado en proporciones asombrosas.

En el aire flotaba la sombra del botellón, fomentado hasta la saciedad por unos medios de comunicación carentes de sucesos lo suficientemente morbosos para rellenar sus espacios informativos.

Una mezcla de sentimientos al respecto me ha inundado durante el fin de semana:

En Francia los jóvenes luchando contra una ley, con movilizaciones masivas y los jóvenes españoles a favor del botellón, como si fueran comparables. La de memeces que puede soltar un adolescente delante de las cámaras. Rayando lo patético, su meta en la vida es salir en la tele, aunque sea balbuceando unas cuantas frases inconexas sobre el botellón, el derecho inalienable a emborracharse, etc…

Por otro lado, indigna la movilización policial, totalmente asombrosa e inédita. Nada menos de 28 policías conté yo en la plaza de Tribunal, aburridos y pasando frío, unos buenos salarios que pagaremos entre todos. No se puede beber en la calle, pero pillarte la tajada padre, pagando las copas a N euros en un local y luego ir cantando borracho por la calle, eso sí que se puede. Sinceramente yo siempre he ido de botellón, y la meta no se reduce a ponerse ciego a alcohol. También se puede hablar, estar con los amigos, cosa bastante imposible en los atestados bares con la música martilleando los oídos.

¿Qué se consigue prohibiendo el botellón? Se convierte en un acto rebelde, y como ya se sabe todos los descerebrados dieciañeros hacen de la rebelión su objetivo en la vida. ¿Se consigue que se reduzca el consumo de alcohol? Bueno, a lo mejor algo, ya que el precio del alcohol en los locales hará disminuir el consumo a más de uno. Así se favorece que se experimenten alternativas, pastis con una copa sale más barato que pillarse el pedo sólo de alcohol. Muchos simplemente seguirán haciendo el botellón de ilegales, en un lugar no tan público. ¿Y la demostración de cabezonería policial del pasado viernes? Tampoco sirve de mucho. Este fin de semana será lo mismo de siempre, y los que se la quisieron pillar el pasado viernes lo lograron de una u otra manera, en bares o lejos de los lugares anunciados para el macrobotellón.

En vez de prohibirlo se podría tratar de educar. Multar no el beber en la calle, sino hacer ruido. Multar a los que ensucian, tiran mierda botellas y cristales a la calle. Y por supuesto tratar de dar alternativas para los nuevos jóvenes, que tengan espacios donde pasar la noche con los amigos sin tener que beber hasta cegarse o meterse en un bar atestado a beber copas y meterse lo que caiga. Boleras, conciertos, polideportivos… Prohibir algo como el botellón no es sino darle alas.

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Diario de sueños de Guillermo Pérez (aka bisho)