habemus domun
Efectivamente, según lo previsto (o casi) ayer Sandra y yo pasamos a ser orgullosos propietarios de hipoteca.
La noche fue de poco dormir, entre preparar todas las cosas, papeles, y la excitación por el momento. No era tanto nervios sino alegría e impaciencia unidos para formar una sensación de irrealidad y de estar flotando. :)
Firmabamos la compra-venta en el banco, así que llegamos pronto y tras algunas gestiones, que si tarjeta de crédito, que si seguro del hogar, etc… llegó el notario, un hombre muy majo. La parte vendedora todavía no había ni aparecido (malquedas hasta para esto). Nos leyó el contrato de venta de alma y entrañas a Caja Madrid, digooo… el contrato de la hipoteca, y al fin aparecieron los vendedores, unas harpías de hijas mayores con su pobre madre, la verdadera propietaria de la casa. Realmente la hija mayor, que vivía con la madre era la que quería vender para mudarse con ella a otra más cercana al trabajo: Mamá, el DNI, mamá siéntate, mamá firma… pero fue en vano por que pronto se descubrió que no habían traído la copia del registro, ni el recibo del IBI, ni gaitas. ¿Se puede ser más inutil? Bueno, al menos traían las llaves :P.
El notario, muy profesional y simpático, aceptó irse mientras a otra firma que tenía cerca en vez de suspender la firma para otro día. Buf, nosotros ya habíamos palidecido. Más tarde, con todo ya en regla, volvió a llegar el notario y nos reunimos de nuevos para la firma.
La sensación fué de las más agridulces de mi vida. Cuando el notario leyó la parte “y la parte vendedora hace entrega de llaves en este acto” la pobre mujer mayor sacó las llaves tintineantes de su bolsillo, con una tristeza inimaginable y las puso en la mesa: deshacerse de la casa de toda su vida… no puedo ni imaginarlo… Ni Sandra ni yo pudimos mirarla de la pena que nos daba. Era casi un robo. Luego con las llaves en la mano se nos empezó a dibujar una sonrisa involuntaria e imposible de eliminar de la cara ¡Tenemos casa!, menuda felicidad y alegría que nos inundó.
El notario se marchó pitando, que ya le habíamos retrasado bastante, y transcurrieron unos muy tensos momentos mientras preparaban el cheque. Tras firmarlo el director de la sucursal nos dijo que si lo queríamos tocar por última vez… Chorrada, la verdad es que no sentía el más mínimo apego por el papelucho, por muchos miles de euros que contuviera ¡a cambio teníamos una casa!, se lo entregué directamente a la madre, y ya desconecté de ellos, pero no se cuantos microsegundos transcurrieron hasta que las hermanas se hicieron con el botín.
Después nos faltó tiempo para ir a comprobar el piso, y aparte del cacharro del aire acondicionado y la escasez de bombillas, todo estaba en su sitio, el piso limpio y vacío (a excepción de un antiguo mueble que ya tiraremos). Pronto pondré fotitos para esos ansiosos por ver más sobre el piso.
Otra cosa que nos salió mal, por estar “a malas” con la parte vendedora es el cambio de contratos de electricidad, gas y teléfono. Normalmente se llama el día de la venta y se solicita un simple cambio de titular, inmediato y sin apenas costes, pero en nuestro caso dieron de baja todos los contratos y en algunos casos nos saldrá un buen pico el volver a darnos de alta. En fin, aseguraros de dejar esto bien claro si compráis un piso. ¡Saludos!.





































