Esta mañana, con casi 5 horas de retraso y una maleta menos (la de los regalos, para más inri) he llegado de mi viaje por Perú… Un mes entero, mil vivencias y experiencias.
Llego aquí y ya no sé qué contar, demasiado tiempo ha pasado como para resumirlo en unas palabras. Tanto Sandra como yo tenemos diarios del viaje, llenos de relatos, que quizás alguno quiera hojear, y tendremos que ponernos a organizar las miles de fotos. Mi madre que me conoce me ha guardado esta tira de forges:
En Perú hemos visto mucha pobreza, mucha lucha por la supervivencia, pero siempre con franqueza, sin envidias y con solidaridad entre ellos. Allí se come por un euro, y se trabaja por menos. Las empresas de transportes dejan subir a vendedores que se ganan la vida vendiendo cualquier cosa. Hemos conocido a algunos personajes increíbles, con unas vidas llenas de sucesos que ni 100 vidas completas como las nuestras lograrían equipararse. Uf, cuánta pena da volverse y… ¿podremos continuar nuestra despreocupada vida como hasta ahora? ¿Con qué cara?
Durante todo este tiempo hemos estado alejados de todo el resto del mundo, de noticias, de los ordenadores (si, yo, sin tocar un ordenador en un mes, y ni siquiera a la vuelta he corrido a encenderlo. ¡Tanto es así que me noto super torpe al escribir con teclado!) y hasta del móvil, apenas utilizado para tranquilizar a la familia (Siiii… ¡seguimos vivos!).
Tan sólo en los últimos días en Lima hemos leido algo de prensa, y nos hemos enterado de las catástrofes en Irak y en EEUU. En Perú unos señores se alegraban: “Al final el cielo devuelve los golpes", y veremos si les sirve para aceptar que hay un cambio climático, y que la inversión en guerra no lo es todo.
En fin, que seguiré escribiendo estos días de mis sensaciones, mientras intento ponerme al día en noticias, recibir mi correo (que se me resiste, uf que llenas mis cuentas) y centrarme un poco, a la vez que esperamos noticias de los amigos del Perú que dejamos allí.