Ver despertar a Madrid
Hoy, por casualidades del destino, me encontré andando por la calle a inusitadas horas, cuando aún los relojes no arañaban las 7 de la mañana. Aún jirones de sueño y manto negro se resistían a dejar paso a la luz del día, y la estrella matutina disfrutaba de sus últimos minutos como sol de la mañana.
El suelo, lévemente salpicado con algunas gotas de lluvia, impregnaba el ambiente de olor a tierra mojada, y levantaba una brisa y un frescor que prometían aliviar el tórrido calor de días anteriores. Calles desiertas, puertas y ventanas cerradas, coches aparcados como si nunca más se fueran a mover. Silencio.
Mis pasos se dirigieron casi sin quererlo hacia el único resplandor dorado en la mañana gris azulada: un bar que destacaba como un refugio entre el escaparate de tiendas cerradas y estáticas.
Nada más entrar, cuerpo y olfato se reconfortaron con el aroma a café recién hecho, bollos y una tibieza muy agradables. En la barra, un simpático camarero destaca sobre el resto, dando la bienvenida con una jovialidad y energía imposibles a esas horas de la mañana, mientras la gente se centra en sus vasos de café, en las noticias que vierte un televisor desde una esquina, y tratan de hacerse a la idea del nuevo día que comienza.
A primera vista puede parecer un bar normal, pero hay algo en el ambiente. Todos se conocen, se saludan, con nombres, no con gruñidos emitidos por formalismo y expulsados a regañadientes con perezosas gargantas mañaneras. El camarero sabe lo que quiere cada uno, y a veces incluso se adelanta, sirviendo un vaso de agua a quien siempre lo necesita, o preguntando ¿lo de siempre?.
Son gente humilde, que trabaja, bien temprano. Tienen algo, comparten camaradería, el desayuno de las mañanas, comentarios sobre las noticias. Hay algo que les une. Son… Son la gente que ve despertar a Madrid.












Y luego infinidad de entrevistas a gente de la calle, para rellenar hueco, “Me parece muy bien", “Es genial para España", “Estoy muy contenta"… Pero bueno, ¿es que no hay nadie que le importe un pimiento, y piense que la monarquía es una chusta? ¿O es que las televisiones han censurado esas opiniones?.




