Algunos de mis amigos frikis responderían inmediatamente en tono jocoso a la exclamación que es el valor absoluto de la raíz de 9.

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Pero organizar un congreso realmente mata a cualquiera. Es tener un billón de cosas machacándote la cabeza. Es no tener ni un rato libre para pensar en tus cosas. Es no descansar. Es soñar con el congreso. Es tener más cosas en el la lista de pendientes de las que ves que puedes hacer (y a diferencia de la lista normal, éstas hay que hacerlas). Es tener siempre presente el congreso. Es que te altere el humor. Es pagarlo con los demás (pobre san). Es tener que aguantar a pesados con un morro infinito queriendo más plazas. Es tener que contestarles borde. Es la presión de tener que hacerlo bien. Es la responsabilidad de traer, alojar y dar de comer a 80 personas. Es estar pendiente del email cada 5 minutos. Es mandar 250 mails en una semana. Es dejar de lado tu vida personal. Es… un infierno…
Maldito el día que dijimos que sí que íbamos a organizar el congreso. A ver si llega y pasa ya.