El amargo adiós

Mis historias/Muy personal — 9/12/2004 @ 04:28

Amargo es el adiós, pero más amargos aún son los recuerdos de ausencia.

El 19 de noviembre falleció mi padre, inesperadamente a pesar de su enfermedad (esclerosis múltiple), pues últimamente se encontraba bien, pero al menos lo hizo acompañado de su familia. Eso nos consuela.

He tardado todos estos días en sobrellevarlo, sentarme aquí y dedicarle estas líneas, pues prometí que mi primer escrito aquí sería en su honor. Cualquier otro tema durante este tiempo era absolutamente irrelevante para el torrente de sentimientos que me envuelve desde entonces.

Y a pesar de los esfuerzos que hace el cerebro en olvidar lo que duele (ahora soy aún más despistado, perdiendo y olvidando todo allá por donde paso) aún me descubro pensando en él, o instintivamente me dispongo a actuar como si estuviera él. Acercar el coche a la puerta, no encender luces del pasillo como si estuviera acostado y un sin fin de detalles que se convierten en hirientes cuchillos que se te clavan al recordar la verdad, lo perra que es la vida, lo maldita que es la suerte.

Y no es una herida nueva, se suma al reciente fallecimiento de mi tía Ana, para sumar más dolor y vacío a la familia.

Durante todos estos días hemos recibido el apoyo de muchísima gente. Muchos de mis amigos aparecieron en esos días tan tristes para brindarme su cariño y apoyo. A todos, tanto los presentes en cuerpo como los de en mente, muchas gracias. Pero sobre todo ver el dolor y amor expresado por muchos familiares y amigos de mi padre, rindiendo tributo a su entrañable persona, siempre feliz, siempre buena persona, entusiasta, bromista, cariñosa…

Supo superar los baches y depresiones de su enfermedad para vivir los últimos años disfrutándolos como podía, silencioso y callado, pero feliz y bromista como siempre, a pesar de que sólo eran un vano espejismo de la vitalidad e ingenio que tenía en el pasado. Al final el destino quiso evitarle un futuro muy negro con su enfermedad y cortó inesperadamente su vida, y con ella nuestros corazones. Pero hay que seguir…

Una persona trató de consolarme en aquellos negros días diciendo que “ojalá hubiera estado como de joven hasta el final", pero no. No le critico, ni reprocho, ni cambiaría nada, lo único que nos deje tan pronto. Es mi padre, así fue su vida, yo le conocí como fué y como acabó siendo, y le quise y él quiso a su familia en todo momento, y me dió muchísimo, gran parte de mi persona, de mi forma de ser, de sus conocimientos, de su curiosidad… Fue el mejor padre que pude tener.

Gracias por todo, David…

Y robando de sus labios la frase que él diría: “¿Puede uno cagarse en Dios?”

Diario de sueños de Guillermo Pérez (aka bisho)