Me complace ver lo mucho que han aprendido los gobiernos y medios de comunicación a este lado del charco. Ya crean pánico y odio con la misma eficacia que en la cuna del miedo, EEUU.
Los telediarios no paran de hablar de pollos, delincuencia y chismes sensacionalistas (entre noticia de fúrbol y/u otros deportes, como bien señala Chema) y tratan de extender el miedo y odio de la forma más eficaz posible. En vez de INFORMAR, se dedican a hablar de la cantidad de gente que se ha ido a vacunar de la gripe común (como si eso les fuera a salvar), lo forrada que está la compañía que produce la vacuna, y otras memeces. También sacan (como no) a los subnormales de la selección negándose a incluir pollo en su comida por que estaban en Grecia. Así, genial, bajará el precio del pollo y arruinará el sector como pasó con las vacas locas.
No digo ni que se oculten los problemas, ni que se minimicen. Nada más lejos de mis intenciones. Sólo pido que los telediarios dejen de ser un espectáculo mediático y cumplan su función. En los periódicos los pollos no copan las portadas, ni se saca a la gente diciendo lo preocupados que están.
Por si fuera poco, últimamente también van varias veces que hablan de la delincuencia callejera, niños dedicándose al robo, etc, lo que da pie para mi tristeza a comentarios entre el público del estilo: “si es que los moros...”, “tenían que echar a todos los inmigrantes”, o, si hablan de Barcelona, “que se jodan los catalanes que es otro país”. Y lo peor es que los que los dicen son jóvenes, que deberían tener la mente más abierta, más deliberante, y no ideas caducas grabadas a fuego en sus neuronas.
La gente no discurre lo más mínimo en los motivos y las causas que hay detrás de cada noticia, no es capaz de ponerse en la situación de los inmigrantes, pensar por qué lo hacen, ser solidarios (dándose cuenta de la suerte que han tenido, que no ha sido su trabajo lo que les distingue de los inmigrantes), o evaluar la peligrosidad de los pollos y el grado de alerta que se debería tener. Simplemente engullen las imágenes y noticias tremendistas que salen por el televisor buscando el momento oportuno para lanzar sus comentarios simplones y xenófobos.
Los comentarios de hoy han sido risas y “que morrudo, a chupar del estado”, refiriéndose a un pobre hombre que había pasado su vida en la cárcel (nació en una) y no es capaz de concebir su vida fuera de ella. No quería que le dejaran en libertad, y ahora que está fuera, planea robar para poder volver a ella.
En vez de proclamar “que morro”, yo siento una tristeza indescriptible por él, que no tiene vida. Por mucha comida y vivienda que te den en la cárcel, si es tan estupendo y tiene tanto morro, ¿por qué no lo haces tú? “No, para nosotros no, pero ese hombre, que no quiere hacer nada...”. No se dan cuenta que es un hombre destrozado por una cárcel que debería ser reinsertiva, pero lo que realmente hace es marcarles de tal manera que la mayoría de los presos empeoran y volverán a delinquir. Algunos, como esta persona, no conciben otra cosa para su existencia que una celda. Ni fuera ni dentro tiene libertad, por que la sociedad no tiene sitio para él.