Ya estamos en navidad, ¡la mejor época del año!... para bancos y comercios, claro... Es la época del consumo desmedido, y del mayor cinismo del mundo desarrollado.
Lucecitas por encima de nuestras cabezas derraman luz dorada sobre la calle, los comercios se ponen de gala, con bonitas felicitaciones de navidad y más luces multicolores, extensosísimos catálogos listan las novedades y regalos con éxito seguro, y los más caros presentes inundan la televisión, la calefacción a tope en las tiendas invitando a entrar y perderse entre brillantes carteles indicando las novedades “Regalo estrella de estas navidades”, “Sólo 29,99″, “Envoltorio de regalo gratis”. Regalos, compras, comidas, luces, más regalos...
Del otro lado del cristal el frío clima nos recuerda que es invierno, y en las calles menos comerciales no hay luces ni adornos, sino el gélido asfalto deteriorado. Gente sin hogar mira las lucecitas de adorno de las calles grandes, deseando que esa electricidad malgastada pudiera servir para calentarles, el infinito tráfico en las ciudades contamina aún más si cabe el ambiente de humo y ruido, los restaurantes aumentan sus precios (es navidad), y se desperdicia aún más comida contratos basura para esos meses...
El domingo fuimos al rastro madrileño a hacer fotos y pudimos comprobar las dos caras de la moneda. Los gorritos navideños de algunos pijos que van de compras, felices y contentos, y los que se tienen que poner para resultar graciosos, navideños y caer bien las personas que piden en la calle. Incluso una pandilla de jóvenes, no contenta con no dar dinero a un saxofonista negro vestido de papa noél, se mofaba de su apariencia.
La Navidad hace ya tiempo que perdió su significado espiritual, pero no voy a caer en el tópico de denunciarla por la fiesta pagana en que se ha convertido. Yo soy ateo y no me parece mal que una fiesta pieda sus connotaciones religiosas y se vuelva pagana. Pero es que se ha convertido en la herramienta de marketing ideal para la promoción del consumo masivo. La navidad era el momento de reunión de toda la familia o de compartir una velada agradable con los amigos y conocidos. Ahora en cada hogar siempre están presentes las disputas, los malos rollos, las envidias, los celos... Se convierte en una celebración forzada, tensa, y con regalos caros, de compromiso, todo acompañado de comida cara y bebida anunciada hasta la saciedad.
Mi familia suele disfrutar bastante de la navidad, e igualmente abusar con regalos, comida, y esas cosas. Al menos no somos completamente ciegos y sabemos ver la realidad de las calles. Nuestro mejor regalo es siempre lo más importante: las personas, la familia, estar juntos, no tanto qué regalo o qué cosa te van a dar. Yo desde pequeño regalo a la familia dibujos, acuarelas, vasos pintandos, etc, que siempre hago a mano, un regalo personal, más barato y sincero.
Los regalos son para demostrar lo que queremos a otras personas, así que basta de cinismos, regalos de compromiso. ¿Por qué hemos de esperar a estas fechas? ¿Por qué cuanto más caro mejor? ¿Regalos de última hora? ¿no debería ser cuanto más tiempo empleado mejor?
Os dejo aquí esta reflexión, para que entre turrón y turrón al menos seamos conscientes del asco de sociedad consumista en que vivimos, con la navidad como máxima expresión.