El anonimato es cada vez más complicado en el mundo. Primero la directiva europea que obliga a operadoras de telefonía, tanto móvil como fija y a los proveedores de Internet a guardar durante un año los registros de comunicaciones (origen, destino, duración, hora, tipo de servicio y equipo de comunicación empleado por los usuarios). Ahora se va a obligar a las compañías de móviles a identificar a los usuarios de pre-pago. Y con los cibercafés se plantean obligar a mantener el registro de clientes... ¿Se imaginan?
- Un café y media hora de internet, por favor
- Si, necesito su DNI
Ridículo, ¿no? Y a ver que hacen con los locutorios, pues su clientela muchas veces no tiene ni documentos.
Yo me pregunto por la efectividad de estos métodos de control. Los verdaderos delincuentes pueden perfectamente saltarse estos controles, sobre todo ahora que saben el grado de control que sufren. Pueden robar móviles, por ejemplo y servirse de internet, donde todo es posible. Existen proxies, encriptación, uso de túneles a máquinas seguras, etc. que pueden hacer inútiles todos los registros del proveedor de internet.
A quien perjudican estas medidas es al usuario de a pié, que ve cómo su actividad queda registrada por todos lados. Llamadas, lugares por los que pasa (el móvil te localiza), sitios en los que compra con la tarjeta, vuelos, cámaras de seguridad, peajes y un sin fin de etcéteras. A muchos les resbala que todo quede grabado. Confiamos en el “buen uso” de los medios policiales, del poder político... A mi no me gusta fiarme tanto y tanto control me preocupa. Pero incluso aunque confiemos en el sistema, ¿quién nos dice que las bases de datos no puedan ser comprometidas por un cracker? Con toda esa información pueden llegar a saber mas de tí que tu mismo.
Orwell no acertó con la fecha de su novela 1984, pero tampoco parece que se vaya a quedar muy lejos. La sociedad del Gran Hermano ya está cerca.






























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